El café está servido. Las risas llenan la sala y las conversaciones fluyen con naturalidad. Como líderes del ministerio de mujeres, amamos estos momentos de conexión. Así el Señor inquietó mi corazón con una pregunta:
¿Estamos haciendo discípulas… o simplemente reuniéndonos con mujeres?
Vivimos en una cultura acelerada donde el éxito del ministerio se mide por actividades y asistencia. Aunque planeamos, organizamos y servimos con dedicación, muchas de nuestras reuniones carecen de profundidad en la Palabra de Dios. Inspiramos y conectamos, pero… ¿formamos mujeres que caminan con Cristo y discipulan a otras?
Este tema afecta el presente y el futuro de nuestras iglesias. Sin discípulas, no habrá multiplicación.
Quiero invitarte a reflexionar:
- ¿Qué significa realmente el discipulado según la Biblia?
- ¿Por qué a menudo nos desviamos hacia lo superficial?
- ¿Cómo podemos volver a un modelo bíblico que transforma y multiplica vidas?
Jesucristo fue claro: “Id y haced discípulos” (Mateo 28:19). Este es el mandato central para todos los creyentes. El discipulado no es un programa ni una temporada. Es un proceso intencional en el que una persona ayuda a otra a conocer a Cristo, a crecer en Su Palabra y a vivir en obediencia.
Jesús no formó seguidores pasivos, sino discípulos que continuarían Su obra. Su modelo incluyó conocerlo, caminar con Él y multiplicarse en otros. Una discípula no sólo crece, sino que también discipula a otras y se reproduce. Este tipo de discipulado, arraigado en la Palabra, es el que produce verdadera multiplicación.
Una realidad que debemos enfrentar
Muchas iglesias no están estancadas por falta de actividades, sino por falta de discipulado intencional.
Algunas realidades comunes tienen que ver con:
- Discipulados que sólo duran temporadas
- Dependencia excesiva de libros en lugar de la Biblia
- Clases que transmiten información, pero no transformación
- Falta de un plan claro para multiplicar discípulas
He visto grupos en los que las mujeres comparten sus pensamientos sobre un libro, pero no saben cómo estudiar por sí mismas un pasaje bíblico. Pueden memorizar versículos, pero no meditarlos ni aplicarlos.
No necesitamos más recursos sobre la Biblia si no estamos usando la Biblia misma.
El problema no es la falta de interés. Es la falta de dirección que nos lleva a la superficialidad.
Eventos no son discipulado
Los eventos tienen su lugar. Son útiles para atraer, conectar y animar.
Un evento inspira. El discipulado transforma.
Jesús no edificó Su ministerio sobre eventos, sino sobre relaciones profundas centradas en la verdad. Caminó con sus discípulos, les enseñó la Escritura, los corrigió y los envió. Si nuestro ministerio se enfoca principalmente en actividades, podemos generar entusiasmo sin raíces: mujeres conectadas, pero no ancladas.
El discipulado, en cambio, requiere:
- Tiempo
- Intencionalidad
- Constancia en la Palabra
Es más sencillo en apariencia, pero mucho más poderoso en el resultado.
Cómo se ve el discipulado en la práctica
El modelo bíblico no es complicado, pero sí intencional. Cada encuentro puede girar alrededor de la Palabra de Dios:
- Analizar el texto bíblico
- Identificar la idea principal del texto
- Permitir que el texto confronte el corazón
- Aplicar el texto estudiado
- Memorizar la Palabra en el corazón
Este proceso lleva a escuchar… a vivir y enseñar.
Además, todo discipulado saludable debe apuntar a cinco metas:
- Conocer la Palabra
- Ser transformada por el evangelio
- Ser equipada para vivir la verdad
- Discipular a otras
- Multiplicar continuamente
Cuando esto sucede, se forma una cadena—una generación de mujeres que impacta a otras.
Crear una cultura de discipulado comienza contigo
Antes de cambiar estructuras, mira tu corazón.
Como líderes:
- ¿Estamos nosotras en la Palabra diariamente?
- ¿Estamos siendo transformadas por ella?
- ¿Estamos discipulando intencionalmente?
No podemos llevar a otras a un lugar al que no estamos dispuestas a ir. La cultura de discipulado no comienza con un programa perfecto, sino con una líder rendida. Luego, se desarrolla con pasos consistentes:
- Estudiar la Biblia juntas
- Enseñar a estudiarla
- Orar juntas con propósito
- Crear relaciones de responsabilidad
- Multiplicar discípulas
Esto toma tiempo, pero el fruto es eterno.
Discipulado en una cultura acelerada
La vida y el ministerio demandan mucho. Pero el discipulado no se trata de hacer más, sino de enfocarse mejor. En una cultura que corre, discipular es detenerse. En una cultura que consume, discipular es profundizar.
¿Dónde comenzar? A veces empieza de manera simple:
- Reunirte con una o dos mujeres
- Abrir la Biblia juntas
- Orar
- Aplicar la Palabra
Dios usa estos ritmos sencillos para transformar vidas.
Un llamado a multiplicar
Hermanas, el llamado de Cristo sigue siendo el mismo:
hacer discípulas que hagan discípulas.
No sólo reunirnos.
No sólo enseñar.
No sólo inspirar.
Sino formar mujeres profundamente arraigadas en la Palabra, transformadas por el evangelio y comprometidas a multiplicarse en otras.
Un ministerio donde las mujeres:
- Abren la Biblia con confianza
- Entienden lo que leen
- Viven lo que creen
- Y discipulan a otras con fidelidad
Ese tipo de ministerio no ocurre por accidente. Es el resultado de volver a la Palabra.
Una invitación personal
Si el Señor está despertando este deseo en tu corazón, quiero invitarte a seguir creciendo. El 1 de agosto impartiré dos talleres en la conferencia Equip en Español:
“Estrategias de multiplicación para el ministerio de mujeres”
Aprenderás a desarrollar un ministerio centrado en el discipulado, a formar líderes y a crear una cultura de multiplicación.
“Siendo discípulas en una cultura acelerada”
Descubrirás herramientas prácticas para cultivar ritmos espirituales en medio de la prisa diaria.
No se trata de agregar más a tu agenda, sino de regresar a lo esencial. Regresemos a la Palabra. Formemos discípulas fieles. Confiemos en que Dios traerá el crecimiento
Sarah F. Gonzalez
Sarah Friedman González es originaria de Nueva York y estudió una licenciatura en Educación Musical en Wheaton College, en Chicago. Ella tiene una pasión por ayudar a las mujeres hispanas a desarrollar un amor duradero por la Biblia y guiarlas para que utilicen sus talentos al servicio de Dios. Ella sirve como directora del ministerio de mujeres en First Dallas en Español, en donde su esposo, el Dr. Humberto González, es el pastor. Además de este ministerio, es maestra de cello y directora de orquesta. Enseña la música como un lenguaje, basándose en su formación en lingüística. Sarah y su esposo tienen cinco hijos: Juliana, Mackenzie, Josiah, Micah y Janelly.