1 Pedro 1:1-9
No es difícil acostumbrarse a vivir en un país donde muchas cosas las tenemos al alcance de la mano. Con mucha facilidad nos hemos adaptado a obtener las cosas rápidamente como en un drive-thru (autoservicio), y se ha normalizado en nosotros tener esa gratificación instantánea para poder ser felices. Una razón por lo cual se nos facilita confiar y adorar a Dios cuando todo está bien y no hay ninguna dificultad presente, pero batallamos cuando es lo contrario.
Hace como 3 años pasamos por una circunstancia inesperada en nuestras vidas. Donde noche tras noche estaba en llantos, con insomnio y me sentía cansada, desesperada y deseaba que Dios respondiera rápidamente y a mi manera. En el momento de angustia y temor se me hacía difícil pensar con claridad y recordar las promesas fieles de nuestro Señor para nuestras vidas.
Esta tendencia de gratificación instantánea tiene el peligro de desviarnos y llevarnos a ver nuestras circunstancias con lentes que opacan la verdad del evangelio. En especial cuando hay un diagnóstico inesperado de salud, apuros económicos, una perdida repentina de un ser querido, relaciones tensas con los hijos, conflictos matrimoniales, despedida de un trabajo, dificultades con los suegros, rechazo de otros por nuestras creencias bíblicas, etc. Debido a esto nos volvemos impacientes y cuestionamos a Dios. De pronto la adoración a Él se vuelve difícil, ya que nos hemos aclimado a esa satisfacción inmediata y necesitamos que todo marche bien para estar feliz y poder confiar en Él.
Pero esta no es la realidad de una vida cristiana. Somos recordados por 1ra Pedro 4:12 que las aflicciones que se presentan en nuestras vidas no deben de ser algo que nos sorprendan, sino algo que se debe de esperar. También Pablo, en Romanos 5:3-6, comenta que se alegran en las pruebas y dificultades porque sabían lo que iban a producir en su carácter y en su fe en Cristo.
La realidad de los creyentes en Asia Menor, a quienes Pedro escribe en su primera carta en los versículos del 1-9, estaban enfrentando luchas, tentaciones, divisiones, inmadurez espiritual, sufrimientos y persecución. Pedro, con el deseo de alentarlos y amonestarlos para lo que tenían por delante, les recuerda de su posición en Cristo y cómo debían de responder a las circunstancias en las cuales se encontraban. Los estaba llamando a traer a memoria las verdades y promesas que tenían en Cristo para perseverar en la fe.
Dios es digno de ser alabado
En el versículo 3, Pedro les recuerda que Dios Padre es digno de ser alabado, independientemente de lo que estaban enfrentando. Él es el Dios que hizo los cielos y la tierra. Él es poderoso, soberano, santo, amoroso y glorioso Rey. En Apocalipsis 4:11 nos dice: “Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.
Dios Padre es digno de ser alabado porque Él ha hecho algo por ellos y por nosotros que no podíamos hacer por nosotros mismos.
A veces las presentes dificultades inmovilizan nuestra alabanza al Señor, y nos olvidamos de su grandeza y su poder y cómo Él nos ha ayudado en tiempos pasados.
El fruto de la misericordia de Dios
Pedro les recuerda que Dios es digno de ser alabado por su gran misericordia. Les recalca que fueron elegidos de antemano por la obra santificadora del Espíritu y que la razón de su elección era para obedecer a Jesús, ser limpios de sus pecados por su sangre y proclamar las virtudes de Aquel quien los llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9). El fruto de la misericordia de Dios causó en ellos y en nosotros el nacer de nuevo. Mostrando Su amor por ellos y por nosotros, aun siendo pecadores, envió a Su Hijo para morir por nosotros (Romanos 5:8). Él nos mostró misericordia por el castigo que merecíamos por nuestros pecados. Recordar la misericordia de Dios y lo que hizo por nosotros nos ayuda a ver nuestra situación en una mejor luz.
La esperanza viva que tenemos en la resurrección de Cristo
El hecho de que Pedro les recordara lo que habían sido otorgados al nacer de nuevo, era de suma importancia para que fueran alentados y no perdieran esperanza por las circunstancias desafiantes. Esta esperanza no fue algo que ellos obtuvieron por sus propias fuerzas o méritos. Ellos recibieron una esperanza viva, que es continua, que transforma y que es eterna por medio de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.
Esta esperanza viva, es diferente a como el mundo espera, porque las cosas en las que el mundo espera son temporales, pasajeras y desvanecen. Pedro los alienta de que esta esperanza viva en la cual han nacido de nuevo es para recibir una herencia incorruptible, inmaculada y que no se marchitara. Una herencia otorgada por ser parte de la familia de Dios.
Dios mismo es quien guarda para ellos y para nosotros esta herencia, y también Él es quien nos protege del peligro y destrucción de nuestra fe por medio de su poder mediante la resurrección de Cristo.
Es por esta razón que en los versículos del 6-9, Pedro les dice que aun en medio de las diversas pruebas pueden gozarse de gran manera. Porque las luchas que pasaban eran por poco tiempo comparado a la herencia que les esperaba, que sólo puede ser posible por medio de la resurrección de Jesucristo.
En ese tiempo difícil para nosotros, Su Palabra y Sus promesas brindaron descanso a mi corazón porque recordé su fidelidad pasada en mi vida y que Él es un Dios confiable.
Amada, cuando te encuentres en dificultades recuerda la esperanza viva y herencia que tienes mediante la resurrección de Cristo. Su resurrección trajo la capacidad de levantar los muertos, perdonar pacados, restaurar vidas, reconciliar relaciones rotas, brindar paz en la incertidumbre y sobre todo el poder alabar a Dios.
Recuerda que, en medio de tu sufrimiento, Dios es quien te sostiene para que permanezcas firme en la fe mediante la resurrección de Jesús.
Karla Cox
Karla ha sido seguidora de Jesús por 28 años. Ella es un miembro fiel de la Iglesia Mercy Hill en Phoenix, AZ que su esposo, familia y un equipo plantaron hace 10 años. Karla sirve en el ministerio de traducción y en el ministerio de mujeres en la iglesia. Ella invierte su tiempo caminando con jovencitas y mujeres en mentoría, discipulado y en estudios bíblicos. Ella y su esposo Anthony han estado casados por 24 años y tienen 3 hijos varones de 16, 17 y 21 años.