El año pasado (2025), durante nuestro retiro anual de mujeres Florece, recibimos muchos testimonios de mujeres siendo sanadas interiormente durante el evento. Pudimos ver muy de cerca cómo hay tantas mujeres que han pasado experiencias traumáticas o de profundo dolor, sin embargo, siento que el mayor reto es que todavía tantas de ellas sigan cargando con el peso de la culpa, el rencor o la herida sin sanar después de un tiempo considerable. Es como si la vida las tirara un desierto y ahí se quedaron, sintiendo que ya no hay esperanza para ellas. ¡Pero sabemos que en Cristo, sí la hay!
Mientras el comité de planificación del retiro de Mujeres Florece 2026 nos reuníamos, Dios nos llevó a Isaías 35 y comenzamos a leerlo cuando de momento pudimos ver en ese pasaje con claridad el tema para este año: Florece en el desierto.
Dentro de todos los temas, quizás era más atractivo poner, “Sal del desierto” o “florece en la pradera”, pero no fue así… Dios trajo un escenario que parece imposible o sin vida, para recordarnos que es posible producir y florecer justo donde estamos.
Hay imágenes en la naturaleza que parecen predicar por sí solas. Una de ellas es la de una flor naciendo en medio del desierto. Por ejemplo, la flor de cactus. Es curioso cómo éstas pueden representar nuestras vidas en Cristo, pues no necesitan condiciones perfectas para dar su flor, si no que florecen aun en lugares áridos. Ellas están diseñadas para resistir por que están bien arraigadas. Por eso, ellas no florecen cuando las mueven de lugar o si cambia el clima, si no que producen su bella flor justo donde están.
Es posible, en algún nivel, que todas nosotras entendemos eso.
Porque hay temporadas en la vida que se sienten como desierto. No siempre son dramáticas o visibles para los demás. A veces son silenciosas: una lucha interna, un cansancio acumulado, una oración que parece no tener respuesta, una etapa donde la rutina pesa más de lo normal. Otras veces sí son evidentes: pérdida, cambios, incertidumbre, un diagnóstico, relaciones difíciles, injusticias, decisiones que no sabemos cómo tomar.
Sin embargo, la Escritura nos ofrece una perspectiva completamente diferente a la que naturalmente tendríamos. Nos hace una invitación a que podamos experimentar el milagro de florecer justo ahí, en lugar árido, difícil, desolado oincierto en que te encuentres. se gozará y florecerá como l
A lo largo de la Biblia vemos que el desierto no es un lugar vacío de la presencia de Dios. Al contrario, muchas veces es el escenario donde Su presencia se hace más evidente.
Por ejemplo:
- Fue en el desierto donde Agar encontró al Dios que la ve, y Él se le reveló como su refugio en medio de su aflicción. (Génesis 16; 21)
- Fue en el desierto donde Dios llamó a Moisés y le reveló Su propósito. (Éxodo 3–4)
- Fue en el desierto donde Elías fue sostenido y restaurado en medio de su agotamiento. (1 Reyes 19)
- Fue en el desierto donde Juan el Bautista fue formado antes de su ministerio. (Lucas 1:80; Mateo 3:1)
- Y fue en el desierto donde Jesús fue llevado antes de iniciar Su obra pública. (Mateo 4:1–11)
El desierto, entonces, no es simplemente un lugar de escasez. Es también un lugar de formación en donde se afinan nuestras prioridades. Es allí donde Dios trata con lo profundo del corazón y aprendemos a depender de Él de una manera distinta. La voz de Dios se vuelve muchas veces más clara en ese tiempo de silencio.
Pero seamos honestas: aunque entendemos esto en teoría, vivirlo no siempre es fácil.
Cuando estamos en medio del desierto, lo que más anhelamos es salir de él. Queremos respuestas rápidas, alivio inmediato, cambios visibles. Nos cuesta ver propósito en la sequedad. Nos cuesta imaginar que algo bueno pueda surgir de ahí.
Y, sin embargo, Dios no siempre nos saca inmediatamente del desierto pues muchas veces, decide encontrarnos y obrar en nosotras justo ahí. Ese lugar es donde ocurre algo profundo: comenzamos a descubrir que nuestro crecimiento espiritual no depende de condiciones externas perfectas, sino de una conexión real con Él.
Como esas flores del desierto, que han sido diseñadas para florecer incluso en ambientes hostiles, la vida en Cristo en nosotras tiene la capacidad de producir fruto aun en medio de temporadas difíciles.
No porque seamos fuertes en nosotras mismas, sino porque Él es fiel y eso cambia completamente nuestra perspectiva.
Una invitación a apartarte
En medio de la rutina, las responsabilidades y el ritmo acelerado de la vida, es fácil seguir avanzando sin detenernos a procesar lo que está pasando en nuestro interior. Por eso, espacios intencionales para estar con Dios no son un lujo… son una necesidad.
Quiero animarte a tomar el tiempo de escuchar la voz de Dios y de permitir que Él transforme tu vida en medio de esos embates que la vida nos presenta.
Como ministerio de mujeres de la SBTC, te ofrecemos un espacio cada año y quiero tomar el tiempo para invitarte. Nuestro retiro de mujeres Florece es más que un evento, es un lugar de Encuentro con Dios.
Es una invitación a apartarte por un tiempo, a salir del ruido cotidiano y a posicionarte en un lugar donde puedas escuchar, recibir y ser renovada.
Durante este tiempo, habrá adoración, enseñanza bíblica, oración y comunión con otras mujeres en espacios de diversión, descanso y compañerismo. Pero más allá de cada elemento del programa, el anhelo es que cada mujer tenga un encuentro genuino con Dios.
Esperamos que puedas llegar a uno de los dos Florece que tendremos este año, (www.sbtexas.com/florece) y que puedas traer tu desierto, sea cual sea, para rendirlo delante de Él.
Pero también durante el proceso, necesitaras ser intencional en permitir que Dios transforme tu vida y puedas ver a Dios cumplir Su voluntad en esta temporada difícil. La Biblia nos enseña que es por medio de la renovación de nuestra mente (Rom. 12:2), que podemos ser transformadas. Es decir, que necesitamos renovar nuestra manera de pensar, interpretar y responder a lo que tenemos de frente. Así es como podremos comprobar cuál es la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios para nuestra vida.
Así que, mi amada hermana, no hay manera en que podamos renovar nuestra mente lejos de la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16–17). Es la única forma en que seremos verdaderamente transformadas.
Quiero animarte a que pases tiempo intencional en Su Palabra, no como una rutina más, sino como un encuentro con Él.
Y para ayudarte a meditar en esta verdad, te comparto algunos versículos para tu edificación:
- Romanos 12:2 – “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…”
- Salmo 119:105 – “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”
- Josué 1:8 – “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley…”
- Hebreos 4:12 – “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz…”
- Juan 17:17 – “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”
Que el Señor use Su Palabra para renovar tu mente, afirmar tu propósito y guiar cada paso que des.
¡Nos vemos en Florece!
Arlene Sanabria
Arlene Sanabria, nacida en Puerto Rico, está casada con Jacob y es madre de un hijo y una hija. Es líder del Ministerio de Mujeres en español para la Convención de los Bautistas del Sur de Texas (SBTC), conferencista, traductora, y corresponsal para el Southern Baptist Texan. Sus escritos también aparecen en Baptist Press en Español y el devocional Quietud de Lifeway. Tiene una licenciatura en Administración de Empresas (Universidad de Puerto Rico), un grado asociado en Artes en Ministerio, y un Certificado en Consejería Bíblica del Southwestern Baptist Theological Seminary. Actualmente cursa una Maestría en Estudios Teológicos en dicho seminario.
A través de su ministerio Germinarás, inspira a mujeres a crecer en su fe, en su conocimiento bíblico y vivir la Gran Comisión.